
De entre todas las variedades de arándanos que existen, que no son pocas, para tratar las infecciones urinarias (su prevención y tratamiento) vamos a trabajar especialmente con el “Arándano Rojo Americano” , también conocido como Cranberry (Vaccinium macrocarpon). Éste es nativo del Este de Norteamérica, donde se cultiva específicamente para su consumo. Sus hojas son mucho más grandes que otras ya que alcanzan los 2 cm de longitud y los frutos son rojos y con sabor a manzana ácida. La mayoría de arándanos que se cultivan son especies americanas o derivadas de éstas, algunos otros ejemplos son: el A. azul; A. negro; A. ráspano, etc.
El arándano cultivado necesita mucha luz y no soporta los vientos fuertes. Prefiere los climas húmedos con influencia de la mar antes que los climas secos. El mejor clima por tanto es el templado-frío. Puede resistir fuertes heladas en invierno, estas condiciones le aseguran que no se adelante la floración y la hacen más abundante y uniforme. Sin embargo las heladas no deben presentarse en el momento de la floración ni crecimiento de los frutos.
Si el clima no es lluvioso hará falta el riego, que será mejor con agua no dura, baja en cloro, sodio y calcio. La mejor agua en jardinería se dice que es la de lluvia. Y en caso de plantaciones extensivas será preferible realizar riego por goteo para aprovechar al máximo el agua y asegurar un correcto abastecimiento de nutrientes a la planta.
Las especies cultivadas (destinadas a su uso como planta medicinal) tienen un interés especial porque poseen frutos comestibles o porque sus hojas, al llegar el otoño, adquieren una coloración muy destacada. Los frutos obtenidos pueden comerse crudos o se utilizan para la producción de zumos, mermeladas, conservas. O como en nuestro caso, para conseguir a través de la fitoterapia un remedio natural, con el que poder defendernos y prevenir de una forma más eficaz las temidas infecciones del aparato urinario, como la cistitis.
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Los síntomas más frecuentes de la cistitis son:
- Necesidad urgente y frecuente de orinar.
- Picazón o quemazón en la uretra al orinar.
- Enrojecimiento de la vulva y picor vaginal (en las mujeres).
- Dolor al orinar y en las relaciones sexuales.
- Color turbio o anormal de la orina.
- Aparición de sangre en la orina.
- Fiebre y escalofríos (la fiebre puede significar que la infección ha alcanzado los riñones).
- Vómitos y náuseas.
- Dolor en el costado o espalda (indica infección en los riñones).
A menudo, las mujeres sienten una ligera presión por encima del hueso púbico y muchos hombres sienten una dilatación del recto.
En los niños, se pueden manifestar los siguientes indicios:
- Estar más irritable de lo normal.
- No comer como lo hace normalmente.
- Tener fiebre sin motivo aparente que además no acaba de desaparecer.
- No poder aguantarse la orina.
- Sufrir alteraciones en su desarrollo.
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Además de la infección urinaria en la mujer, existen otras situaciones que pueden favorecer la aparición de cistitis:
- Cualquier anormalidad que provoque una obstrucción del flujo de orina (piedras en el riñón, estructuras anómalas…)
- Una próstata dilatada también puede frenar el flujo de orina, por lo que incrementa el riesgo de infección.
- Las personas sometidas a exámenes mediante tubos o catéteres o que necesitan sondas pueden desarrollar más fácilmente infecciones resistentes procedentes de dichos instrumentos.
- Las personas que sufren una disminución del sistema nervioso, que les impide controlar la vejiga a voluntad.
- Problemas en el sistema inmune incrementan el riesgo de sufrir una infección urinaria, ya que este sistema es el encargado de mantener a raya los microorganismos responsables de las infecciones.
- También se dan en bebés nacidos con alguna deformación del tracto urinario, que a menudo han de ser corregidos mediante cirugía.
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Las estadísticas lo dejan claro: Más del 60% de las mujeres tendrán una cistitis al menos una vez en su vida.
Por razones anatómicas es más frecuente en las mujeres que en los hombres. La cistitis es más común en las mujeres debido a su uretra corta (conducto que elimina la orina al exterior del cuerpo), lo que favorece la transmisión de bacterias desde la piel y los órganos genitales hacia el interior del cuerpo.
El riesgo de contraer cistitis aumenta en aquellas personas que presentan una uretra estrella debido a infecciones anteriores u obstrucciones en el uréter (conducto que lleva la orina desde el riñón a la vejiga). En las mujeres, la presión sobre la vejiga durante el embarazo, el acto sexual o el uso de un diafragma, aumenta el riesgo de cistitis.
Podemos decir que, hasta los 60 años es una enfermedad esencialmente femenina. A partir de esta edad, también afecta al hombre.
Afecta al 4% de las mujeres de edades comprendidas entre 20 y 30 años. Sin embargo, también pueden padecerla las mujeres mayores, siendo más frecuente conforme se va envejeciendo, hasta alcanzar el 20 a los 70 años y el 30 a los 80.
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